Ya desde su fundación, en abril de 1933, el PS había señalado su adhesión al marxismo, reconociendo a la lucha de clases como motor de la historia, así como la necesidad de una dictadura del proletariado. En el Congreso partidario de 1948 se había declarado marxista-leninista, lo que mereció su inhabilitación en la Internacional Socialista.
Podría argumentarse que tales definiciones no pasaban de ser teóricas, pero no era así. En el XXI Congreso General Ordinario de junio de 1965, realizado en Linares, Adonis Sepúlveda consiguió que se aprobara una tesis que incluía la "vía insurreccional", cuando el proceso social alcanzara su "madurez." Concretamente, se afirmaba que "nuestra estrategia descarta de hecho la vía electoral como método para alcanzar nuestro objetivo de la toma del poder; el partido tiene un objetivo y para alcanzarlo deberá usar los métodos y los medios que la lucha revolucionaria haga necesarios."
Poco después, esa maduración parecía haberse dado, ya que en el XXII Congreso General Ordinario, realizado en Chillán en noviembre de 1967, un moderado como el Secretario General Aniceto Rodríguez, planteaba la pronta "toma del poder" con la "violencia revolucionaria...inevitable y legítima", en un proceso que "nos lleva a la lucha armada." Entre otros aspectos, se aprobaron las tesis
a) del Internacionalismo Proletario, que incluía la aceptación de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, (OLAS) con sede en La Habana, como Estado Mayor de la Revolución. Adicionalmente, se sostenía que la Revolución Socialista Mundial debía estar dirigida por un Comando Unificado; b) del Poder Popular, el que a partir de la "democratización radical del Estado", iniciaría la construcción del socialismo mediante un poder paralelo al establecido, a través de una Asamblea del Pueblo, y con una amplia área de propiedad social (APS);
c) del cierre de la "época de las revoluciones a medias", porque se estimaba que las revoluciones "pacíficas, democráticas, nacionales, o paternalistas, habían fracasado." Cuba había demostrado "la viabilidad de la violencia revolucionaria". Por eso se consideraba conveniente que las masas fuesen "conducidas por intelectuales revolucionarios bajo dirección marxista", hasta que Chile se convirtiese en "parte de la revolución mundial."
Se agregó que "la violencia revolucionaria es inevitable y legítima (y) constituye la única vía que conduce a la toma del poder político y económico y a su ulterior defensa y fortalecimiento;" en consecuencia, el Congreso afirmó que "las formas pacíficas o legales de lucha no conducen por sí mismas al poder; el PS las considera como instrumentos limitados de acción, incorporados al proceso político que nos lleva a la lucha armada." En cuanto a los plazos, el Congreso fue enfático para aclarar que "el Partido Socialista, como organización marxista-leninista, plantea la toma del poder como objetivo estratégico a cumplir por esta generación."
Sí, la generación de los hombres de Allende, la generación de los hombres de la subversión antipinochetista, la generación que aún pervive en los carcamales del PS.
Qué majadería tener que recordar estas cosas; qué anticuadas y olvidadas entre los cincuentones; y qué increíbles para los de menos edad.
Por eso, al leerlas ojalá nuestros jóvenes se pregunten: ¿y cuando los socialistas celebran, también incluyen esta etapa de su historia?
Obvio, y con mucho orgullo. ·- ·-· -······-·
Gonzalo Rojas Sánchez
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