Examinando el proceso de corrupción de la política en criptopolítica, Silvano Panunzio en su obra significativamente titulada Metapolítica nos advierte que en los tiempos antiguos, envueltos en el sentido de lo sagrado, la criptopolítica había tenido una incidencia mínima entre los pueblos, mientras que ha notablemente crecido en la época moderna, hasta volverse - en la actualidad una mercancía que por medio de diferentes espejismos (como "los derechos humanos", la homologación de las culturas, el rescate de la pobreza, la globalización de las comunicaciones y de los mercados, la "new age", el "ecumenismo pseudo-religioso", etcétera) busca atraer y engañar aún a los espíritus generosos pero más ingenuos entre los contemporáneos. Mientras que la humanidad progresa cada día más hacia la modernidad, asistimos al fenómeno progresivo de la sustitución de los organismos tradicionales por instituciones sociales profanas, según un proceso degenerativo que está favoreciendo la profanación de las instituciones religiosas, políticas y sociales, determinando de ese modo el pasaje casi automático desde el nivel da la política genuina, alumbrada por principios, ideas y valores hacia el nivel inferior de la selva criptopolítica, envuelta en las insidias del Señor de las Tinieblas. Un testigo insospechable de esta crisis el escritor franco-argelino Albert Camús escribía en 1954: «Dios ha muerto: sólo queda la historia y la potencia. Desde mucho tiempo todo esfuerzo de nuestros filósofos ha apuntado, nada más, que a sustituir la noción de naturaleza humana por aquella de situación, y la armonía antigua por el impulso desordenado del caso o el movimiento despiadado de la razón» (11). Con la muerte de Dios, denunciada por Camús, ha desaparecido la teología positiva. Pero cuando desaparece la teología anota Carl Schmitt en su famoso ensayo titulado precisamente Teología política - «desaparece también la moral y, con ambas, la idea política, a la vez que paraliza la decisión política y moral en paradisíaco aquende, en la vida natural y en la pura corporalidad sin problema». No debe extrañarnos entonces si, como destaca aún Schmitt: «Nada goza hoy de mayor actualidad que la lucha contra la política. Financieros americanos, técnicos industriales, marxistas y revolucionarios, anarcosindicalistas se unen para exigir que acabe el imperio nada objetivo de la política sobre la objetividad de la vida económica. Basta de problemas políticos y sean bienvenidos los temas técnicos de organización, las cuestiones sociológicas y económicas. La actual manera técnico-económica de pensar no es capaz de percibir una idea política. Diríase que el Estado moderno se ha convertido en lo mismo que viera en él Max Weber: una gran empresa. No se percibe la idea política mientras no se logra descubrir a que grupo de personas interesa plausiblemente servirse de ella en provecho propio. En tal manera, que si por un lado la política se sume a la economía, en la técnica y en la organización, cae por el otro en un eterno coloquio sobre generalidades de tipo cultural y filosófico-histórico, que se contentan con simples formas estéticas para gustar de una época clásica, romántica o barroca. Elúdese en ambos casos el tuétano de la idea política, la decisión oral, tan llena de experiencias» (12). Si el tuétano de la política se ha perdido por un proceso de corrupción progresiva (desde la doctrina a la ideología, desde los valores ideales a los intereses materiales) sumergiéndose en las aguas estigias de la criptopolítica; para poder restaurar en la política su dignidad primordial y su función positiva, hay que elevarse a la inspiración de la metapolítica. Entonces cabe aquí la pregunta esencial: ¿que es la metapolítica? ¡Ahora bien!, técnicamente el vocablo remonta a juristas y filósofos alemanes que vivieron entre la conclusión del siglo XVII° y el inicio del siglo XIX°. En su Cursus politicus-philosoficus (o sea, Sciencia Imperii) titulado Staatlehere (1793), el alemán Schlozer índica como metapolítica una disciplina que precede, en sentido superior, la política en sentido estricto; mientras que su conterráneo von Rolteck, en una obra escrita en 1830, considera la metapolítica como una doctrina teorética distinta de la doctrina practica del Estado. Por su parte el pensador y diplomático saboyardo Joseph de Maistre, en su notorio ensayo sobre el Principio generador de las Constituciones (San Petersburgo, 1809) escribe:«Aprendo que los filósofos alemanes han inventado el vocablo metapolítica en el mismo sentido de relación existente entre metafísica y física. Me parece que esta nueva expresión haya sido muy bien escogida para expresar la metafísica de la política». En 1930 en sus "Lecciones de doctrina del Estado" el eminente filósofo y jurista Italiano Sergio Panunzio revitaliza el vocablo, pero profundizándolo de tal manera que eso abarca el sentido trascendente de la historia. Como hemos observado en otras ocasiones, el vocablo metapolítica ha sido recuperado por el movimiento cultural europeo denominado tal vez impropiamente Nueva Derecha, pero en un contexto de mimesis lingüística que reactualiza una bien nota tesis gramsciana: "Apoderarse de los medios culturales y de información como condición previa necesaria para la sucesiva conquista del poder político". En ese sentido la metapolítica se resuelve en un mero momento de contropoder cultural que se opone a la cultura dominante, con una finalidad instrumental predominante: preparar la conquista de un nuevo "status" político que pueda identificarse, sucesivamente, con las ingeniosas maquinaciones de los persuasores ocultos de la criptopolítica (como ha sido el caso de la acción cultural marxista que acondicionó la intelectualidad rusa para la difusión del comunismo; y, a la inversa, la acción de los demócratas que propugnaron la alternativa liberista al comunismo soviético) Dejamos de lado la posición de las corrientes hermenéuticas y analíticas representadas especialmente por Manfred Ridel (13), porque - como anota agudamente Alberto Buela - al respeto, en ella se concibe la metapolítica como una concepción "tendiente a eliminar toda metafísica política" de la misma política, reduciéndola a no ser "otra cosa que la justificación del status quo reinante" (14). Nosotros concebimos la metapolítica según la profundización sistemática del concepto hecha por Silvano Panunzio (hijo de Sergio); quien en su obra magna titulada "Metapolítica. La Roma eterna e la nuova Gerusalemme" nos presenta la articulación conceptual de una ciencia ya no profana, sino más bien sagrada, capaz de penetrar, viquianamente, en el misterio escatológico de la historia. Una nota caracteristica del magisterio panunziano es la contraposición entre la metapolítica y la criptopolítica. La primera es concebida como una ciencia sintética que resume en sí la metafísica (ciencia de los principios), la política (ciencia de los medios), la escatología (ciencia de los fines últimos). En esta perspectiva, Panunzio define la metapolítica también como "metafísica aplicada" que no debilita pues la política real, concreta entendida como operatio aesthetíca, según el magistral vocabulario de Carlos Alberto Disandro es decir: algo que no necesita de palabras demagógicas, sino de "noble acción" (recte ágere) o bien "Pensamiento en acción", según un concepto del filósofo Giovanni Gentile deducido da una conocida endíadi del pensador político del siglo XIX°, Giuseppe Mazzini: Pensiero e Azione ("Pensar y Actuar"). La segunda la criptopolítica es la expresión de poderes ocultos (entre ellos, los servicios de inteligencia política y financiera, y la criminalidad organizada a nivel mundial) que, disfrazados políticamente, van ocupando con moto progresivo, los espacios de donde ha sido desalojada, solapadamente, la política. La presencia, cada día más embarazosa, de la criptopolítica exige la acción contrastante y decidida de la metapolítica para reposicionar la política autentica desalojada de su lugar natural. Por eso afirma Panunzio mientras que los metafísicos se limitan a "conocer", los metapolíticos crean y actúan; esto es: «Modelan, sobre las hormas de la Providencia Divina, la civilización universal; y mientras anuncian el reino de Dios sobre la tierra, preparan la ciudadanía del hombre en los Cielos: ni el uno sin el otro. Y es que, aquí, los temas fundamentales y siempre recurrentes de la Metapolítica son los Dos Soles: el Imperio y la Iglesia. Todo el resto gira entorno a ellos con jerarquía de amor, a guisa de satélites ("sí come rota chugualmente é mossa")». En la visión de Panunzio, pués: «La Metapolítica es el punto de encuentro del Oriente y del Occidente, de la Contemplación y de la Acción, del Ser y del Deber Ser». «De hecho prosigue Panunzio son metapolíticos: Platón y San Agustín, Dante y Santo Tomás, San Buenaventura y Vico, Leibniz y Joseph de Maistre, Sturzo y Pio XII°. Todos estos espíritus magnos no son solamente cultivadores de la metafísica pura, o sea de la Ciencia de los Principios Primeros, sino testigos e intérpretes de la Metafísica aplicada, o sea de la Ciencia de los Fines y de los Medios: precisamente la Metapolítica» (15). Después da haber agudamente destacado que: «Los dos extremos, la Metapolítica pura y la impura Política, la Mujer estéril y la Mujer adultera de la Biblia cual por exceso, cual por defecto no tienen más la incidencia de una vez y pueden, hoy, tener alguna semejanza con la higuera evangélica que se secó», Panunzio confirma su fe absoluta en la Metapolítica: necesaria, hoy más que nunca, para orientar al hombre confuso de nuestra época. Fe necesaria, creemos, sobretodo a los políticos que, por la tentación luciferina de los tiempos modernos (la rebelión prometéica del hombre a la providencia de Dios), han sido arrastrados hasta las profundidades subterráneas de la criptopolítica, donde sólo pueden ser rescatados por la poderosa voz metapolítica del Adán Universal (el Logos joánico, o sea el Cristo teándrico), Quien clama: ¡Lázaro, sal de ahí! Todo hombre especialmente todo político, hoy en día - es un Lázaro que espera su propia resurrección metapolítica. ·- ·-· -··· ·· ·-·· Primo Siena Notas 1) Pequeño Larusse Ilustrado, Santiago de Chile 1986. 2) J.FERRATER MORA, Diccionario de Filosofía .Ed. Ariel, Barcelona 1994, tomo 3° (K-P) p. 2832-34. 3) G. KARDATOU, Storia della filosofia greca antica (Ed. Italiana), 1972. 4) L. GALLINARI, Platone, politica ed educazione (governo dei migliori) Ed.ISC, Roma 1986, p.85-86. 5) C.A. DISANDRO, Sentido político de los Romanos. Ed. Thule Antártica, Bs.Aires 1985, p.71-72. 6) IDEM, Obra cit., p. 28 y 67-76. 7) IDEM, Obra cit., p.73. 8) S. PANUNZIO,Metapolitica. La Roma eterna e la nuova Gerusalemme. Ed. Babuino, Roma p.823-824. 9) Véase P. SIENA, Donoso Cortés (antología de textos donosianos escogidos). Ed. Volpe, Roma 1966. Ensayo, libro I°, cap.1, p. 28. 10) R. GUARDINI, La fine dell'epoca moderna (Ed. italiana), Morcelliana, Brescia 1954, p. 23. 11) A. CAMUS, L'été. París 1954, p.114. 12) C. SCHMITT, Teología política (Trad. Castellana de F. .Javier Conde). Ed. Struhart, Bs. Aires 1985, p.147-148. 13) M. RIDEL, Metafísica y metapolítica. Ed. Alfa, Bs Aires 1976. 14) Véase A.BUELA en la revista Disenso, n. 13, primavera de 1977, Bs Aires, p. 63. 15) Todas esta citaciones son extraídas de. S. PANUNZIO, Obra cit., Epílogo: "Abc della metapolitica", p..822-827. |